25 de agosto de 2019

¿Débil o Fuerte?

Vivimos en un mundo donde vale mucho la opinión de los demás. Nuestro subconsciente nos motiva a proyectar siempre la mejor imagen de nosotros mismos. En la iglesia no es la excepción, deseamos que nos vean cómo personas fuertes espiritualmente, guerreros fieles, donde la perfección es casi nuestro estilo de vida (si eres líder, mucho más). 

Aunque esa debe ser nuestra expectativa de vida y nuestro Maestro lo dice en Mateo 5:48 “Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto”. Lo cierto es que no hemos llegado todavía allí, no significa que ya lo hemos alcanzado (Pablo dijo…”No lo he conseguido todo, ni soy perfecto” Filipenses 3:12). 

Entonces, reflexionando en las escrituras y en la experiencia de mi propia vida y de algunos hermanos, sentirse fuerte ser algo que nos puede jugar en contra. 


Cuando nos sentimos fuertes, bajamos la guardia, nos llenamos de orgullo y hace que en algunas ocasiones nos alejemos de Dios “Yo puedo solo Señor” “Todo está bien en mi vida” “Todo está bajo control” “Soy un súper discípulo” ¿Hay súper discípulos en la Iglesia? No lo creo. 

Todos somos pecadores, débiles, que necesitamos desesperadamente a Dios para avanzar un día en nuestra Fe. Si hacemos algo bueno, es algo que Dios puso en nuestro corazón, si luchamos, luchamos con las fuerzas que Dios nos da ¿Ves algo en estas líneas? Si, es Dios quien se lleva la gloria, es a Él que hay que aplaudirle. 

…Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Corintios 12:9

Sentir que necesitamos de Dios, no “teóricamente” sino de corazón, va ayudarnos a buscar a nuestro Padre cada día, a entender que no podemos solos, y al final el poder de Dios reposará en nosotros. Piensa en Jesús. Toda su vida dependió de Dios en cada aspecto, nunca se llenó de orgullo a pesar que su contador de pecados marcaba en cero. 

Piensa en Pablo, se sentía el más pecador en el reino de Dios. También se sentía un predicador que no impactaba lo suficiente, así que sólo hablaba de Jesús. En Romanos hace confesiones que ninguno de nosotros hubiera hecho (si hubiéramos sido Apóstoles)“Me doy cuenta de que, aun queriendo hacer el bien, solamente encuentro el mal a mi alcance. En mi interior me gusta la ley de Dios, pero veo en mí algo que se opone a mi capacidad de razonar: es la ley del pecado, que está en mí y que me tiene preso”Romanos 7:21-23

¿Ves a alguien que aparenta perfección, o que quiere proyectar fortaleza?Yo veo a alguien transparente, que expresa su condición de pecador y su necesidad de estar cada día arrodillado ante Dios. 

¿Qué tal tu hermano? ¿Qué tal tu vida? ¿Qué tal tu matrimonio? ¿Te sientes fuerte o débil?

Con esto esto, no quiero decir que debemos andar con una actitud cabizbaja y con remordimiento o pensando que nunca podremos cambiar. No. Lo si digo es que, por aparentar una fortaleza que no existe, muchas veces podemos caer y dejar de depender de Dios. 

Yo por mi parte, quiero luchar cada día entendiendo que soy una persona débil, que estoy en camino de la perfección, pero que estoy demasiado lejos como para creer que he conseguido algo. Simplemente soy un hermano que ama a Dios, y lo busca desesperadamente cada día y se deleita en su relación con Dios, pero entendiendo que mientras más débil me siento, más busco a Dios por ayuda y consuelo. 

¡Dios te bendiga hermano, luchemos por estar un día delante de Dios, pero entendiendo que debemos ser transparentes y que esa debilidad que tenemos nos lleve a estar de rodillas cada día con Dios!

¡Te amo en Cristo! 

Carlos Mendieta